viernes, 17 de agosto de 2007
In the mood for love es algo más que una película. Me es imposible dejar de desmenuzar los múltiples detalles que la componen. No es solamente una película porque es una colección de fragmentos, un absoluto ejercicio de creatividad, un colage lleno de recuerdos, de sensaciones, de miradas, de gestos, de sonidos, de olores. Cada roce, cada paso, cada escalón subido y bajado, cada gota de lluvia. Todo tiene su razón de ser.

Es un conjunto de árboles que tienen más importancia que el propio bosque. Porque es un bosque desbrozado por Wong kar-wai de manera casi insignificante, sin que por ello carezca de sentido. Porque es un film construido al revés de lo que ocurre tradicionalmente. Una película surge a partir de un guión, sobre el cual se articula el rodaje. En este caso ocurre lo contrario. El director va rodando escenas, plano tras plano, en ocasiones docenas y docenas de veces, incluso los va momento de manera inmediata para ver su resultado. Solo cuando comprueba lo que ha salido es consciente de saber qué más quiere rodar y únicamente conformando está multitud de fragmentos luego elegirá el camino que tiene que tomar su historia.

En realidad no toma ningún camino. Wong kar.wai quiere volver los ojos sobre una época que a él le toco vivir de crío y a la vez desea mostrarnos una historia de amor de una manera muy particular. Pero no relatando dicha historia sino los fragmentos que tal vez uno recordaría de haberla vivido. Incansablemente, el cineasta rodó, durante muchos más meses de los previstos, un metraje muy superior al brindado al espectador. Luego seleccionó instante casi intrascendentes, que hace que uno vea la película y tarde en comprender. Pero comprende que lo que ha elegido el maestro de Shangai, muchas veces la simple cotidianeidad de las vidas del señor Chow y de la señora Chan, son simples recuerdos que permanecerían en su memoria pasados los años. Como la culpabilidad de saber que están haciendo algo mal, como las horas dejadas pasar en esa habitación 2046, como las ensayadas separaciones entre ambos.

Nosotros no somos como ellos.

Hay muchas cosas maravillosas en esta cinta. Como el uso de la música con el tema central de Umebayashi, la banda sonora de Michael Galasso, las canciones de Nat King Cole, como los vestidos y peinados de la época, o como ellos, los respectivos cónyuges que están traicionando a los protagonistas, están sin estar durante toda la película

El proceso de rodaje de In the mood for love (título tomado de una canción de Brian Ferry) ya es un emblema creativo. Dejando hartos a sus actores principales, los siempre inmensos Tony Leun y Maggie Cheung, que no sabían cómo avanzaba una historia que parecía no terminar nunca. Las prisas con que la película llegó al emblemático festival de Cannes del año 2000 (el de Björk, el de Dancer in the dark). Las muchísimas referencias que se pueden adivinar.

Como escribió Carlos Heredero en La herida del tiempo, El cine de Wong kar-wai, “Indagación elegiaca en el pulso subyacente de un amor nunca declarado, In the Mood for Love funciona, simultáneamente, como suntuoso melodrama romántico filmado desde dentro y desde fuera a la vez, como sublimación reflexiva sobre las pautas de un género al que rinde tributo conn respetuosa devoción, pero también con desprejuiciado desparpajo para subvertir sus códigos, como pieza de orfebrería conformada por una milimétrica, casi entomológica disección de ambientes, relaciones y personajes, como fascinante ensayo de laboratorio movido por la reflexión y la autoconciencia, como crónica lírica de una evocación filtrada por el sentimiento de la pérdida o como delicado bordado estilístico que confiere espesor, densidad y timming al despliegue sensorial y emotivo de la memoria”.

Cautivado por esta película, me parecía un nombre más que apropiado para este blog.

Tags: Cine, Wong kar-wai.

Publicado por Desconocido @ 19:56
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Publicado por jaimemarlow
sábado, 18 de agosto de 2007 | 22:08
Habrá que revisionarla, ya casi no me acuerdo de ella.